Siempre Estamos a Tiempo para la Libertad


Crecí en un entorno rural femenino, con mujeres y niñas campesinas muy valientes, trabajadoras y amorosas. Las tareas atribuidas normalmente al rol masculino, eran también hechas por las mujeres sin ninguna vergüenza o cuestionamiento, por eso desde niñe, he tenido la dicha de expresarme tal y como soy. Me encantaba que me llamaran “chiquillo” por mis actitudes masculinas, pero también disfrutaba muchísimo de los vestidos con muchos vuelos, nunca tuve una expresión completamente masculina o completamente femenina porque realmente nunca me percibí como niño o niña.


Todo se sentía libre hasta que llegó la etapa social de convivir con otres niñes de mi edad y crecer con elles, desde ese momento y hasta el colegio me sentí inexistente, sole y totalmete ajene a todas las actividades. Para los grupos de hombres era una mujer y no me invitaban a jugar, para los grupos de mujeres era demasiado masculina y se sentían incómodas con una “machorra”.


Sin embargo, y gracias a la música que me hacía expresarme, siempre tuve el valor necesario para socializar y tener buenas amigas y amigos que valoraban eso diferente en mí que tanto conflicto me causó.


A los trece años fue la primera vez que me enamoré de verdad, pensaba en ella siempre, sentía mariposas en el estómago cuando me prestaba atención y siempre ideaba planes para acercarme más a ella, pero ni en mi colegio ni en mí misme era siquiera posible la homosexualidad, así que todo acabó bastante mal, me insultó y se alejó para siempre de mí. Lloré en clases ese día y comencé a reprimir todo lo que era y sentía.


Pero como es imposible huir a lo real, los quince años conocí a otra persona de la orquesta de guitarras a la que asistía, esta vez era mutuo y en mi espacio seguro que era la música. A pesar de querernos y aceptarnos mutuamente siempre mantuvimos en secreto nuestra relación, secreto que se hizo rumores y finalmente decidimos salir del closet con nuestras familias. No salió exactamente bien y terminamos.


Los siguientes años volví al principio, a la duda, los prejuicios religiosos que me juraban “curarme” pero me desnaturalizaban, volví a reprimir y tratar de ser libre al mismo tiempo, probé mil formas de “ser normal”, ser más “mujer”, cumplir expectativas, pero cada vez se perdía más mi verdadero yo.


Todo cambió drásticamente cuando entré a la universidad y conocí a personas LGBT por primera vez, me di cuenta de que nadie me juzgaría por vestir o usar los pronombres que me hicieran sentir más yo, me di cuenta que sí iban a haber personas dispuestas a amarme aunque mostrara todo lo que oculté tantos años.


A los 18 años por fin me llamé lesbiana ante todas las personas sin miedo, y dos años después salí del closet como no binarie. Aunque aún hay personas que quise y que quiero que se niegan a aceptar lo que soy, ya no voy a sentir miedo de nuevo, ya no estoy sole. Quiero hacer todo lo que esté en mis manos para llegar a esas personas, que como yo no tuvieron a nadie, y decirles: usted es válide, es amade y es importante para este mundo.


Paulina Molina Rodríguez, (mejor conocide como Pau Molina); lesbiana y no binarie. Nacide en el 2000 en San Ramón de Alajuela de familia campesina. Aprendió a tocar la guitarra y cantar por la tradición musical de los abuelos y en la adolescencia estudió guitarra clásica y participó de varios festivales y eventos culturales de la región. Se desempeñó en áreas muy diversas buscando su espacio, pero actualmente es estudiante de Estudios Sociales e Historia en la UCR y cantautore independiente.


Podés seguir a Pau en Instagram y Facebook.

Si querés recibir en tu correo más historias de mujeres poderosas que estén luchando por un cambio en la sociedad y que inspiren a otras a hacer lo mismo, suscribite al newsletter de Círculos 3:33 aquí.

105 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo