Si la Violencia Simbólica Habla, ¡Que Nuestras Voces Griten!


¡Como una bacteria! Así es la forma en la que la percepción errada e injusta de la violencia simbólica hace que se terminen formando cuestionables estructuras en nuestro entendimiento del entorno social en el que nos toca vivir. No es posible que esta bacteria a la que todos hemos sido expuestos, de una u otra forma, a veces sutilmente, a veces directo y sin remedio, sea la que dicte, con destellos de conceptos dominantes donde la equidad no tiene cabida, lo que es aceptable y lo que no. ¿A dónde queda al final nuestra idiosincrasia? ¿A dónde queda nuestra identidad de género? ¿A dónde queda nuestro derecho a ser mujeres y querer un espacio equitativo en la sociedad?


Cuando en lugar de acatar usamos nuestro tiempo para considerar las diferentes variables alrededor de estas acciones, a veces minúsculas, a veces grandes, que son bien vistas y hasta por momentos aplaudidas, nos damos cuenta que el impacto general de dichas acciones es más potente que lo que a veces vemos en la superficie. Una sociedad en la que las preguntas y comentarios fuera de tono, destinados a hacer dudar sobre nuestra apariencia, tener que lidiar con la proliferación de comentarios de tono misógino y sexista, siempre con un carácter denigrante dirigido hacia las mujeres en diferentes plataformas de interacción social y la injusta y grotesca exposición a la que nos podemos ver expuestas en grupos en donde se comparte contenido pasado de tono a nuestras expensas, no es uno a donde con toda justicia y seriedad podamos decir que es adonde queremos vivir. El problema es que aunque nuestras voces sean rampantes y poderosas, a veces no hay peor audiencia que la que no desea escuchar.


El camino puede ser fortuito, pero con el simple acto de reconocer dichos patrones tóxicos por lo que son, la perspectiva del camino cambia automáticamente. Está en nosotras interiorizar y luego externar el ideal de que los cambios son posibles, más aún cuando velar por una sociedad en donde la equidad sea clave. Al carajo con miedos infundados y la represión moral de la que somos víctimas constantemente. Al carajo con las desventajas sistematizadas de nuestra sociedad, en donde se beneficia por encima de todo al género masculino.


Si la superación personal, profesional, física y emocional siempre es una meta a la cual aspiramos, ¿por qué dejamos que estos ambientes tóxicos, a donde nuestra libertad y crecimiento se ven sesgados día a día dominen nuestra voluntad? Nuestras voces suenan igual que las demás, entonces porque no usarlas más a menudo para señalar los malos tratos, demandar justicia y no pedir en forma de limosna, sino exigir en forma justa y meritoria que la indiferencia pare de existir y que nuestros lugares en la sociedad sean reconocidos al igual que con los hombres.


Aprendamos a seguir en el camino de señalar comportamientos nocivos antes de normalizarlos. ¿Qué importa quién se pueda ver eludido? Trabajemos por llegar a un espacio de seguridad, confianza, respeto y sororidad completo. Al final del día, nuestra fuerza siempre será medida por nuestra unión y compromiso por crear un mejor ambiente para todas y todes. El simple entendimiento de tratar a las personas con el mismo nivel de respeto, empatía, honestidad y solidaridad con la que deseo que me traten automáticamente hará de nuestra realidad una mejor para vivir y llevar.


Cuando pienso en una forma de despedirme en este artículo, solo puedo pensar en dar un mensaje de empoderamiento, conexión y de energía positiva ante cualquier adversidad. Retomemos nuestro derecho de expresarnos con la libertad con la que fuimos destinadas a vivir, no nos dejemos sentir víctimas de un sistema que nos ve como una herramienta antes de vernos como lo que somos, mujeres fuertes, dignas y merecedoras de respeto y equidad. Sepamos superar cualquier obstáculo, con suficiente fuerza para ayudar a las que no tienen el empuje necesario. Enseñémosle al mundo que con respeto, decencia y estima, podemos llegar hasta donde el universo siempre ha querido que lleguemos. No nos desviemos de aquel camino que está impregnado en nuestro ADN y que nunca va a desaparecer.


Seamos las mejores versiones de nosotras mismas día tras día, con agradecimiento, con valor y con convicción. Demostrémosle al mundo que ningún tipo de violencia puede ganarle a nuestro derecho por querer una mejor vida. No somos menos, nunca lo hemos sido, ni nunca lo seremos.


Kumary es una cantante nacida en Costa Rica. Tiene sus inicios en la escena musical en el 2007 junto a bandas Nacionales de Reggae como Native Culture y Bamaselo; su curiosidad por el género la llevó a formar parte de una Banda Tributo al Reggae llamada “Kingo Lovers” con la cual interpretaba la música Reggae con el sentimiento del soul-funk. En su trayectoria, Kuma ha mostrado versatilidad con las colaboraciones que ha realizado con artistas Nacionales e Internacionales tanto del género Reggae y de la misma manera con artistas en diferentes extractos de la música, como la Orquesta Filarmónica de Costa Rica, Hijos, Gandhi, Nakury; artistas como Debi Nova y con Vicente García de República Dominicana. Actualmente, la artista se encuentra en etapa de producción de su primer material como cantante solista, impulsada por las diferentes experiencias de su carrera y el deseo de compartir una identidad diferente con el público.


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