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Mujeres Mano de Tigre


Mi nombre es Elides Rivera Navas, de la etnia Brorän, de 54 años de edad y madre de tres hijos. La vida mía se ha desarrollado enteramente en el Territorio: La escuela la hice en la comunidad de Térraba; tuve la oportunidad de ir a la secundaria en Buenos Aires centro, al Colegio Técnico Profesional (CTP de BA). Una ilusión que no sabía lo que significaba para poder llegar hasta ahí, pues debía caminar desde Térraba hasta Brujo, un aproximado de 7 kilómetros para tomar bus e ir hasta Buenos Aires. Igual era el regreso; para mí esto fue un desafío muy fuerte. También se interponían otros factores como las condiciones económicas y recibir maltrato por ser indígena. En parte por esto no logré alcanzar terminar la secundaria.


En ese momento no había mucho que pensar si no se lograba saltar la situación, entonces se debía regresar y dejar que la vida pasara. A los 22 años tuve mi primera hija, y dos años después murió mi padre (transcurre el año de 1990) y esto hace que reinvente mi vida. Para ese momento, mi hermana Isabel estaba separada de su pareja con tres hijos y pensando qué debíamos hacer para continuar con nuestras obligaciones. Una amiga nos invitó a participar en una organización que tenía ella y otras personas, mujeres y hombres. Empezamos mi hermana y yo a participar en reuniones, capacitaciones y talleres de reflexión sobre los derechos indígenas, entre otros. Todo parecía bonito; solo algo no funcionaba: Los trabajos colectivos de producción iban para una familia y el resto éramos peones suyos, además de que teníamos que trabajar sembrando y chapeando. Los trabajos sólo eran en agricultura y a las mujeres nos correspondía cumplir con horarios iguales a los de todos, con la diferencia de que a nosotras se nos reconocía la mitad de tiempo; es decir, entrábamos a las 6:00 de la mañana y salíamos a las 12:00 medio día, pero solo se nos pagaban 3 horas.


Así, Isabel y yo conversamos que eso no era justo, porque a los hombres se les pagaba completo; a nosotras, la mitad. Entonces decidimos renunciar y trabajar por las mujeres y sus derechos familiares, económicos y la no violencia física, emocional y psicológica de ellas. Nos dimos cuenta de que muchas mujeres indígenas en la comunidad sufrían violencia de todo tipo. Ahí pasamos por varias experiencias organizativas, coyunturales comunitarias, pero Isabel y yo aspirábamos a otras cosas como proyectos acordes a las mujeres, a sus tiempos de madre; situaciones específicas de nosotras las mujeres, que en los planes y proyectos fuéramos dignificadas y no abusadas de las parejas, de compañeros.


Todo este tiempo de construcción organizativa no fue fácil, pues teníamos muchos enemigos. Nos convertimos en las mujeres que no se dejaban mandar, en las mujeres que no quieren tener marido. Todo esto me hacía crecer como persona autosuficiente junto con Isabel.


Nos convertimos en una organización pequeña en número, pero grande en expectativas. Siempre traíamos capacitaciones para las mujeres, acompañábamos a otras mujeres cuando eran violentadas por sus parejas y nosotras nos preparábamos como asesoras legales. Donde participábamos y hablábamos por los derechos de las mujeres, participamos en el primer proyecto de ley para pueblos indígenas o LEY DE AUTONOMÍA (1997-1998). Ya para los años de 1999 y 2000, empieza una lucha muy fuerte en la comunidad de Curre, que era la construcción de la Represa Hidroeléctrica Boruca. Nos metimos en esta lucha acompañando a las compañeras de Curre. Vivimos muchos momentos fuertes donde los del gobierno se burlaban de las mujeres indígenas de Curre. Las callaban diciéndoles que no hablaran por hablar, que para tener posiciones con respecto al proyecto debían tener estudios confirmados sobre sus inquietudes y que solo las asociaciones de desarrollo tenían derecho de hablar porque eran personas jurídicas. El PHB afectaba gran cantidad de tierras de Térraba y teníamos que defenderla porque aquí solo se hablaba de las bondades que ofrecía este proyecto y no nos hablaban de los costos de destrucción social, ambiental y cuestiones puntuales sobre la afectación que sufren las mujeres en estos proyectos de impacto.


En la lucha que iba y venía, de reuniones, foros y debates, nos acercábamos más a una realidad: prepararnos como una colectiva de mujeres para defendernos ante el sistema patriarcal político en el interno de la comunidad. No era fácil exigir un campo en una mesa donde solo se sientan hombres a negociar. Para el 2004, nos constituimos en la organización Dbön Orcuo Ware (Mujeres Mano de Tigre). Al fin, la organización jurídica la conformamos tres hermanas, porque otras mujeres querían una organización que fuera únicamente para buscar recursos sin compromiso social solidario con las demás mujeres.


Nosotras siempre pensamos que la parte política no podía faltar como eje fundamental en la organización. Venían muchas luchas que enfrentar. Si no teníamos claridad, era debilidad. Del 2006 al 2011 tiene lugar la lucha contra el Proyecto Hidroeléctrico Dikis. En el año 2012, la lucha por la reivindicación laboral de jóvenes indígenas en el territorio de Térraba, y ahora estamos en la reivindicación territorial, en donde por efecto y cierta inercia, el pasado 23 de febrero, en conjunto con una de mis sobrinas, mi hijo y una hermana, nos organizamos para recuperar un área de terreno ocupado de manera ilegítima por personas no indígenas, de aproximadamente 100 hectáreas ubicadas en Térraba centro. Nos acompañaron otros compañeros hombres y mujeres. Ese día nos atacó un conglomerado de más de 200 personas no indígenas que casi incurren en acciones mortales en contra nuestra. Al día siguiente, en otra recuperación, asesinaron a mi sobrino Jerhy Rivera Rivera de cinco disparos a quemarropa.


Mano de Tigre ha crecido con mucho esfuerzo y dedicación. En el año 2015, fui invitada a participar en la primera conferencia mundial de pueblos indígenas en Nueva York, organizada y auspiciada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En ese mismo año, fui invitada a participar en otro evento importante en Italia, para hablar sobre la importancia de la alimentación cultural del pueblo Brorän. También en 2015, en compañía de Isabel, participamos en el VII Encuentro Continental de Mujeres indígenas en Guatemala. Respecto a otros espacios de participación a nivel internacional, en 2016 representé a la organización en el VIII Encuentro Continental de Mujeres Indígenas, auspiciado de igual manera por el FILAC.


Actualmente, participo en el Foro Nacional de mujeres Indígenas de Costa Rica. Participo también en el espacio de Alianza de Mujeres Indígenas de Costa Rica y Latinoamérica. Como persona, también me he destacado como gestora local cultural, y estoy comprometida con la historia de las abuelas Brorän.


Formé un lugar para gestar mi propio negocio donde pudiera desarrollarme como madre, como emprendedora, y participar en las actividades de la comunidad. De esta manera, puedo trabajar y tener el recurso económico necesario para sacar a mis hijos adelante, sin dejar de lado la lucha de mi pueblo.


Hoy, a 30 años de estar en este camino, me siento satisfecha, aunque todavía faltan sueños por cumplir.

Con el apoyo de:

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