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Lo que se Siente el Amor Verdadero


¿Saben lo que se siente el amor verdadero? Esa fuerza universal que te sacude desde lo cimientos, que te cambia desde adentro, esa energía demoledora que sin raciocinio alguno te puede llevar a hacer locuras sin precedentes, cambiar un país o la vida misma como la conocías.


Cuando Jaz llegó a mi vida ninguna esperaba todo lo qué pasó, ese huracán que nos arrastraría.


Teníamos planes por aparte, yo venía saliendo de una relación y ella planeaba irse a mochilear por Latinoamérica, y sin embargo, la vida de repente dio un cruce que nos unió sin avisar, el amor fue creciendo rápido y con intensidad, en menos de seis meses nos fuimos a vivir juntas, nos dimos el sí quiero en una ceremonia divertida, íntima y pagana sin motivos legales porque simplemente queríamos celebrar nuestra unión.


Ninguna de las dos había tenido nunca planes de casarse, porque claro, una vez fuera del closet no existían muchas leyes que lo facilitaran.


Sabíamos que con el panorama legal que existía nunca podríamos acceder a la justicia como una pareja del mismo sexo. Pero técnicamente no lo éramos.


Una letra M lo cambiaba todo.


El error se había dado varios años atrás cuando un funcionario distraído digitalizaba registros en un pueblito alejado en Pérez Zeledón.


Así, en un segundo, Jaz se convirtió legalmente en sexo masculino y un mundo de posibilidades, sin saberlo, se abrieron ante ella.


Deberíamos casarnos, le dije varias veces soñando con lo imposible, técnicamente éramos una pareja heterosexual pero claro, teníamos muchísimas dudas, y el amor como única certeza.


Llevábamos apenas una semana de vivir juntas cuando la realidad de nuestras desventajas me pegó en la cara.


Ella me despertó de repente de madrugada con fiebre y dolor, era sábado y yo no sabía qué hacer, entre el pánico, la confusión y el sueño recordé que tenía un seguro privado que nunca había usado, llamamos, di mis datos y le pasé el teléfono para que describiera los síntomas, así lo hizo y me lo devolvió para terminar la gestión, y entonces la operadora preguntó: ¿y cuál es su relación con la paciente?


Dudé: Mmm... ella es ¿mi pareja?


Me contesta que el servicio no la cubre, que sería únicamente para mi esposo, padres o hijos.

No importaba, yo solo quería que la atendieran ya, pagaría el servicio, lo que fuera. No tenía tiempo de discutir.


Pero era indignante, enfurecedor, nada nos amparaba, si fuéramos una pareja heterosexual nos hubiéramos podido casar ese mismo día, y acceder a cualquier derecho por ser familia, pero nuestro sexo biológico nos convertía en ciudadanas de segunda, iguales a la hora de pagar impuestos pero incapaces de demostrar un vínculo la una con la otra, con la realidad de que si una terminaba en el hospital, la otra no podría ni siquiera visitarla si la familia biológica de esta no lo permitía.


Y el conservadurismo parecía dispuesto a querer enterrar para siempre cualquier iniciativa en favor a nuestra comunidad.


Fue la gota que derramó el vaso para mí, dos semanas después alrededor de una mesa llena de desconocidos y unos pocos amigos, tras la marcha de la diversidad, y mientras todos se pasaban la cédula de Jaz con una mezcla de asombro y curiosidad que decidimos que nos casaríamos legalmente como una pareja heterosexual, desafiando al sistema, cambiando la historia y aceptando cualquier consecuencia que viniera con ella.


Así el 25 de julio del 2015 nos casamos, en una ceremonia legal, con la familia y amigos que decidieron ser testigos del cambio, con un abogado valiente que quería tanto como nosotras arriesgarse por ver la igualdad llegar a este país.


La lucha del matrimonio igualitario no fue sólo nuestra sino de cientos de activistas que durante décadas exigieron desde sus trincheras el cambio de la historia de nuestro país, igual que nosotras, motivados por un deseo personal que se vuelve político.


Y bueno, pasó el tiempo y un buen día, 3 meses después nos despertamos registradas legalmente como esposas y el país, aunque fuera un instante, se sintió un poquito más justo. Ni la lucha acabó ni las alegrías de los grandes triunfos, pero lo que vivimos fue intensamente desde el amor.


Somos protagonistas de nuestra propia historia y está en nosotras cambiarla para mejor.


Laura y Jaz son la primera pareja de lesbianas casadas y reconocidas legalmente en Costa Rica. El amor de la una por la otra, y su lucha por sus derechos, dieron paso a una conversación a nivel nacional que influyó en la eventual aprobación del matrimonio igualitario en Costa Rica. Lau, como Chef, y Jaz, como bartender, son dueñas de un restaurante vegetariano fusión, Árbol de Seda, en Barrio Escalante, a través del cual están dedicadas a transmitir ese cariño que se tienen, por medio de la gastronomía y el servicio.


Podés seguir a Jaz y Lau en Instagram o Facebook.

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