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La energía profesional femenina es una fuerza imparable


Por mucho tiempo, lamentablemente, ha sido lo más común que las mujeres escojamos carreras que culturalmente se piensan como “afines” a nuestro género. Yo no fui la excepción; estudié Comunicación y, en efecto, tanto en la universidad como en el mundo laboral me he topado con más colegas mujeres que hombres. Sin embargo, prácticamente iniciando mi carrera laboral llegó a mi vida la energía solar y fue algo así como amor a primera vista. Junto con el que era entonces mi esposo, y con un socio/mentor extranjero, me sumergí de lleno en el tema y construí una pequeña empresa dedicada a vender páneles solares hace 10 años.


Aunque mi trabajo en la empresa no era sólo relacionado a los temas de comunicación y mercadeo, con el tiempo me fui dando cuenta que la profesión que había escogido era un valor agregado para el mundo técnico de ingenieros en el que me había metido. Esta realización creó una pasión en mí que me llevó a involucrarme en temas políticos y regulatorios alrededor de las energías renovables en Costa Rica, para lo cual me agrupé con otros expertos en el tema dentro de una organización sin fines de lucro. Ahí entendí aún más que me había metido en un mundo mayoritariamente de hombres. Por décadas, las decisiones del sector energía las han tomado hombres, y aún hoy en los paneles y exposiciones en congresos de energía participan prácticamente siempre sólo hombres. Esto no significa que no me he topado mujeres en el camino; por dicha he sido testigo de la primera mujer presidenta de la institución eléctrica más importante del país, y las mejores colaboraciones en el tema las he realizado con otras mujeres apasionadas de la energía renovable. También he trabajado con hombres muy dedicados, profesionales y equitativos en el sector, pero eso no evita que sí se sienta la diferencia que implica ser mujer.


Situaciones de mansplaining, comentarios sobre lo emocionales que podemos volvernos a veces con los temas, e insinuaciones y abordajes sexualmente inapropiados en situaciones que debieron de ser exclusivamente profesionales, son sólo algunas de las cosas que he vivido en el sector. También he visto a otras vivirlo, como por ejemplo con mujeres profesionales de altísima calidad y experiencia que no logran subir puestos en las empresas eléctricas del país tan rápido como sus colegas hombres, aún siendo evidente que ellas están mejor calificadas. Me tocó además oír algunos comentarios despectivos hacia mujeres tomando decisiones en el sector. No necesariamente dicen “es que no sirve por ser mujer”, pero sí cosas como “es que ella es muy terca, muy emocional, se nota que no tiene novio…”


Sin embargo, la situación de género más compleja la viví dentro de mi misma empresa, y con los hombres más cercanos a mí. Por un lado, me divorcié por fin logrando salirme de una relación bastante tóxica; y unos años después me fui de la empresa que yo misma había creado porque me di cuenta que ahí también tenía una relación tóxica con mi socio. Él había sido mi mentor por años, pero yo no había entendido que eso le hacía pensar en mí como su propiedad intelectual, hasta que lo oí decirle a otras personas que el crédito de lo que yo había logrado era de él, y que había sido él quien me había dado permiso de involucrarme en la parte política del sector más allá de mi trabajo en la empresa. Así que abandoné ese barco y me mandé a navegar sola.


Estas situaciones no me hicieron echar para atrás; por el contrario, generaron en mí más ímpetu y un sentido de reto personal por seguirme desarrollando y alentando a otras a desarrollarse en este importante sector de las energías renovables. Hace unos meses aterricé en el proyecto de energía más apasionante con el que me he topado en la vida, y estoy segura que vendrán muchos más después. Además, he investigado y me he involucrado mucho más con mujeres en el sector, como es el caso de la Red de Mujeres en Energía Renovable y Eficiencia Energética que existe en México, y desde donde mujeres apoyan a otras mujeres a capacitarse, y a seguir desarrollándose en este mundo de hombres. Sueño con armar algo similar en mi país, y que eventualmente existan este tipo de redes de mujeres en energía en todo Latinoamérica.


Las energías renovables son uno de los sectores que más ha crecido en la última década, y le falta muchísimo aún por crecer. En este momento, dichosamente, casi todos los países del mundo tienen metas relacionadas a las renovables, y necesitan todo tipo de profesionales para lograrlas: ingenieras de todos los tipos, técnicas, políticas, comunicadoras, empresarias, arquitectas y muchas más. Estoy segura que seguirá creciendo la cantidad de mujeres, no sólo participando de esta transición, sino también liderándola; así como seguirán creciendo los aliados masculinos que nos abren espacios y comprenden las muchas ventajas que conlleva tener cerebros femeninos en sus equipos.


La invitación queda abierta entonces a que me acompañen, sigamos abriéndonos campo en estos sectores tradicionalmente masculinos con la convicción de que lo que hacemos ayuda a construir un mundo más equitativo y justo, y sin olvidar que nuestro valor profesional no depende de si soy mujer o no, sino de la pasión y la dedicación con la que hago mi trabajo y que tan a menudo nos convierten a las mujeres en fuerzas imparables.


Carolina Sánchez es comunicadora, especializada en energía y sostenibilidad, con más de 10 años de experiencia en proyectos nacionales e internacionales promoviendo las energías renovables y la eficiencia energética, tales como los de la Fundación Altener. Ha colaborado en el desarrollo de reglamentos y leyes relacionadas a la generación distribuida en Costa Rica, y organizado una serie de eventos masivos para la promoción de la energía solar en el país. También se ha dedicado a trabajar temas de sostenibilidad, con proyectos de reciclaje, de responsabilidad social empresarial y de economía circular como Sistema B, así como en movimientos como Giving Tuesday Costa Rica.


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