Infancia: La Base de la Vida


La relación creada entre los niños y los adultos debe ser una relación espiritual basada en el amor y la comprensión del desarrollo humano, así como el respeto y la confianza.


Mi nombre es Laura Herrera soy guía Montessori A.M.I y máster en psicopedagogía. La educación en la primera infancia ha sido mi gran pasión y vocación desde que tengo memoria. De pequeña jugaba a ser maestra y soñaba con trabajar en una escuela. Todos estos años que he tenido la dicha de trabajar con niños me inspiraron a crear mi proyecto llamado Sandpit, donde le brindo a niños un espacio donde puedan desarrollar al máximo su potencial en la etapa más importante de su vida. ¿Qué hace que estos años sean fundamentales?


Los primeros tres años son la base de la personalidad y del resto de la vida de cada ser humano. Por lo que se requiere todo el compromiso y energía del adulto, así como su comprensión. Cuando los niños están pequeños es importante que sepamos en qué están poniendo atención, qué los atrae. Ya que conforme pasan los años, cada interacción que tienen va formando sus gustos, qué les da miedo... y cuando llegan a los seis años, ya son la persona que están destinados a ser. Aunque hay aspectos que van a influir en cómo van a reaccionar al mundo, estos patrones iniciales de relación que se formaron en estos años son los cimientos que determinarán cómo serán sus interacciones futuras.


Sabemos que la genética determina qué tipo de árbol es cada ser, pero las experiencias en el ambiente determinan qué tan larga son las raíces y qué tan firme va a crecer el árbol. Las ramas de un árbol crecen tan largas como las raíces. Si pensamos que queremos que las ramas sean las posibilidades que van a tener los niños en el mundo, de todo lo que van a poder lograr, entonces hay que asegurarse que sus raíces sean igual de largas y firmes para poder ofrecerles una vida rica a ellos. Estas raíces se forman por medio de todas las experiencias que tienen en los primeros años y de todas las personas que los acompañan.


Ellos están aprendiendo sobre todas las interacciones con el ambiente, y nosotros como adultos somos responsables de proporcionarle a estos seres humanos que vienen con todas las energías para absorber su mundo, experiencias reales que les ayuden a ser la persona que están destinados a ser. Debemos ser consciente que sin nosotros no hay ambiente, es nuestra responsabilidad poder ofrecerle al niño oportunidades de aprendizaje y conocimiento, ya que serán estas las herramientas para su vida y que además forjarán su personalidad.


Como dijo María Montessori el rol del adulto es ayudar al niño en su trabajo de desarrollo ¿qué podemos hacer?


  • Observarlos, para poder determinar mejor cómo ayudarlos a ellos y a nosotros mismos.

  • Modelarles lo que se espera de ellos.

  • Enlazarlos en el ambiente mediante actividades con propósito.

  • Conectar emocionalmente con ellos para formar una relación significativa.

  • Creer y confiar en ellos.

  • Prepararles el ambiente.

  • Permitirles libertad con disciplina.


Como adultos es importante que seamos guías en el desarrollo de cada niño y no un obstáculo. La infancia es el punto de inicio y los cimientos en donde el adulto se para por el resto de la vida. No hay dos niños iguales, no hay recetas de cocina, no funciona igual con todos los niños. Hay que ser creativos para ayudarlos y darles todas las herramientas para que puedan desarrollar su potencial. Seamos congruentes con lo que hacemos en el ambiente, pensemos en el impacto que hay en cada una de nuestras interacciones y actitudes en los niños por el resto de las vidas. Ahí esta el secreto de la infancia.


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