• Mujeres. Música. Magia.

Tres Historias, Un Vaso Lleno



1. Viajeras


¡Hola! Nosotras somos Pamela y Zulay, vamos a resumir la historia y nuestro tema relacionado con la salud mental y la terapia de la naturaleza.


Hace más de un año no teníamos idea de lo que significaba para nosotras que la mente se podía enfermar, así como cuando nos resfriamos.


Y fue entonces cuando pensamos en ''Viajeras'' como un proyecto en común, un tesoro donde encontramos en la naturaleza una terapia para liberarnos del estrés de la semana, y ayudarnos con la ansiedad que ni sabíamos que teníamos.


Nos refugiábamos en los viajecitos cada fin de semana para llenar nuestros vacíos y realmente la misma montaña, río o catarata nos cambiaba la perspectiva, como una maestra, y a medida que avanzábamos en kilómetros, también teníamos más fuerza mental, y más seguridad y confianza para enfrentarnos a nuestros miedos y situaciones cotidianas.


La idea surgió justo después de que en 2020 cumplimos 26 años y cada una eligió un destino, la celebración fue regalarnos ese viaje; una a la playa y otra a la montaña, y esto puede sonar sencillo y sin ciencia, pero para nosotras era algo desconocido, máxime por ser mujeres en una sociedad a la que siempre hemos estado expuestas a que nos maten o violen por el simple hecho de serlo.


Después de esa celebración seguimos haciendo tours con nuestras amigas, hermanas, amigos y empezamos a incitar a los demás, luego con la pandemia lo pausamos, hubo algunos cambios en nuestras vidas, pero retomamos a finales del 2020, y a veces estábamos mal mentalmente pero el contacto con la naturaleza y conocernos más allí era un avance, y así fue por todo ese tiempo, nos quitamos el miedo, a pesar de no tener carro ni otras facilidades. Investigamos, preguntamos por lugares, y nos íbamos como mochileras, también nos equivocamos y aprendimos a estar más preparadas y a ser precavidas, y este año logramos conquistar la cima de nuestro país.


Creamos una página en Instagram, donde hablamos de los lugares que visitamos, compartimos fotos e información de los mismos, pero nuestro enfoque es en torno a la terapia y de que las mujeres también podemos viajar seguras, que no sea un privilegio sino un derecho que las chicas viajen. Igual hemos tomado nuestras medidas, foto a la familia cada vez que salimos, y avisar cuando ya estamos en casa.


Al final no lo tenemos todo claro con esto, y no decimos que sea una fórmula mágica hacer tours para curar nuestra ansiedad o depresión, o alguna otra. Sino que aceptamos que ocupábamos ayuda, ambas iniciamos terapia, tuvimos el valor de darle prioridad a la salud mental.


La terapia nos enseñó a tener herramientas para vivir mejor, y entendernos mejor, y nuestro mensaje es que encuentren su terapia, lo que les haga bien; pintar, bailar, yoga, meditación, etc. que todo eso nos puede salvar, a nosotras nos lo enseñó Viajeras, y de lo capaces que somos, pues tener contacto con la naturaleza realmente es despejarnos nuestra mente y corazón a la vez que hacemos ejercicio, y superamos obstáculos.


De una condición podemos hacer una gran amistad con ella, algo que es parte de nuestra vida. Hicimos algo bonito que nos permite estar motivadas, tenemos muchas ideas y retos, pero nos emociona, y también incitamos a las chicas, y a todos a hacer lo que nos hace bien y lo que amamos por nosotros mismos, desconectarnos para encontrarnos, como un ‘’Dolce Far Niente’’.



2. Aún No


Buena noches. Te dejo mi historia.


Mi papá se suicidó el 3 abril del 2014. Después de más de 1 año y medio en depresión.


Con psicólogos, psiquiatras, medicaciones, por el seguro, por privado... no logró salir de eso. Y decidió irse.


Nunca lo juzgué, entendí que él estaba cansado y no podía más.


Era mi vida entera, mi apoyo incondicional, mi respaldo, era mi TODO.


No juzgué jamás su decisión, pero no tenerlo y aceptar que se debía ir, me hizo reconocer la importancia de la salud mental.


Sin salud mental; no hay salud.


Comencé un proceso de conciencia meramente personal, a entender a qué vine a este mundo realmente y a cuidar lo que consumo; me refiero a lo que leo, a lo que veo, a lo que dejo entrar mi vida. Y también practicar más la empatía. Porque la depresión o los problemas de salud mental, no siempre tienen un aspecto físico que se manifiesten. Muchos cargan su agonía meramente de modo interno.


Soy diseñadora de modas, pero primeramente soy comunicadora.


Y para la semana de la moda del 2019 quise desarrollar una colección especial con un mensaje directo sobre la salud mental. Cuyo nombre fue -Aún no-


“Aún no” como un grito y una mano de ayuda para aquellos que sufren de problemas de salud mental y lo callan, pero además piensan constantemente en la posibilidad de irse de este mundo.


AÚN NO fue lo que quizás quise decirle a mi papá antes de dispararse, AÚN NO era tu momento..


Gracias por leer.



3. Me Perdoné


Hola. Muchas gracias por abrir este espacio. Al inicio no estaba segura de escribir esto, sin embargo, pensé en lo mucho que me hubiese gustado que alguien me entendiera y saber que otras personas pasan por lo que yo pasé. A lo largo de mi vida siempre he sufrido de ansiedad relacionada con mi vida académica y profesional. No tenía la posibilidad económica de asistir a terapia psicológica por mí misma y mi familia no era partidaria de requerir este apoyo. Años después enfrenté una situación que extendió mi ansiedad a mi vida personal por lo que tuve que buscar ayuda.


Me contagié del Virus del Papiloma Humano (VPH) a los 22 años cuando apenas estaba empezando mi vida sexual. Sucedió bajo los efectos del alcohol donde yo no di mi consentimiento para que la persona se quitara el condón e inclusive no me acordaba del acto sexual. Simplemente amanecí en mi cama llena de sangre, con heridas en las piernas y moretones.


En ese momento no sabía cómo reaccionar y ni siquiera quería llamarlo violación. Incluso no puedo todavía. No quería recibir los típicos comentarios de que era mi culpa por ingerir alcohol. Mi preocupación en ese momento fue un embarazo y olvidé totalmente las infecciones de transmisión sexual por ignorancia e irresponsabilidad. No quedé embarazada, me alejé de esa persona y continúe con mi vida. Básicamente evadí lo que me había pasado.


Mucho tiempo después empecé a salir con un muchacho. Él era todo lo que yo había esperado, era respetuoso, amoroso, gracioso y atento conmigo. No estaba muy segura de querer salir con él, pero conforme más tiempo pasábamos juntos más me gustaba. Entonces me permití quererlo y confiar. Posteriormente decidí que quería compartir mi vida sexual con esta persona por lo que primero fui al ginecólogo para asegurarme que todo estaba bien. Yo ni siquiera sabía para que era un papanicolaou. Solo sabía que mi mamá lo hacía todos los años por lo que me pareció importante ir. Cuando me lo realizaron, el médico solo me comentó que si todo estaba bien podía pedirlo por correo electrónico, pero si algo estaba mal entonces él me llamaría primero.


Él me llamó una semana después y yo sentí que la vida se me venía encima.


Mi papanicolaou encontró una displasia de bajo grado. No entendí qué era ni que significaba. Simplemente sabía que si venía del VPH entonces era malo. Cometí el error de buscar en internet y lo primero que aparecía era cáncer de cuello uterino. El VPH disparó mi ansiedad a niveles nunca antes vistos en mi vida.


El siguiente paso era una colposcopía para asegurarnos que la lesión sí fuese de bajo grado por lo que hice la cita con mi ginecólogo privado. Después de esto tenía muchísimos pensamientos en mi cabeza. Pensaba que era una persona que no valía la pena, que me había arruinado la vida y que siempre iba a esperar el momento en que me diese cáncer. Lo que más sentía era culpa. Una culpa que me ahogaba. La ansiedad me estaba matando lentamente y pasaba llorando todo el día. Buscaba información del virus en páginas de internet y eso me provocaba llorar aún más. Me empecé a obsesionar con mi salud porque sentía que probablemente tenía cáncer y no me daba cuenta. Buscaba síntomas de otras enfermedades y me quería realizar miles de exámenes porque sabía que algo estaba mal conmigo.


El VPH fue el disparador de mi ansiedad y también de una desesperación muy grande. Cuando apareció el VPH de la nada me empecé a sentir disconforme con toda mi vida. Ya no quería estar con mi familia, mi trabajo me parecía pésimo y quería renunciar, me sentía indigna de mi pareja y lo peor fue conmigo misma. Me abandoné. Dejé de tratarme con amor. Solo me hablaba a mí misma para producirme ansiedad y decirme cosas negativas. Cada vez que me empezaba a sentir mal, yo misma me terminaba de hundir. Era como un ciclo que no tenía fin. Sentía muchísima culpa. Sentía que la culpa me ahogaba todos los días junto con la ansiedad porque había sido irresponsable con mi sexualidad. Hubo muchos “si hubiera” en mi cabeza.


Todas estas veces mi ansiedad me mentía constantemente diciéndome que estaba sola y que el muchacho con el que salía de fijo me iba a dejar porque yo no merecía cosas buenas en mi vida. Dormía poco y comía menos aún. Bajé muchísimo de peso porque ya no disfrutaba mi comida como antes. Literalmente pasaba pensando en el VPH todo el día. No podía parar de sobre pensar. No sentía esperanza por mi futuro. Ya no me emocionaba mis planes de vida.


Días antes de la colposcopía le comenté a mi pareja que tenía VPH y que podía irse de mi vida si quería porque yo entendía que era un asunto muy grande, además que teníamos poquito juntos. Para mí era importante comentarle porque quería ser transparente. No quería hacerle a alguien lo que me habían hecho a mí. Su respuesta fue “te amo” y fue la primera vez que me lo dijo. Fue agridulce porque yo también lo amaba, pero odiaba a la vida por ponerme a alguien bueno en el camino en medio de esta situación. Siempre le voy a agradecer por amarme cuando yo no me amaba a mí misma.


Cuando me hicieron la colposcopía fue terrible. Me dolió muchísimo porque estaba tensa y en ese momento pensé: “Me lo merezco por irresponsable”. No podía controlar mi ansiedad y me sentía muy cansada de sentirme así. Lloraba muchísimo todos los días y esa tristeza generalizada no podía quitarla de encima. Finalmente decidí buscar ayuda psicológica.


Ahí fue donde todo mejoró poco a poco.


La primera tarea de mi psicóloga fue buscar información del VPH en fuentes confiables. Empecé a leer sus libros recomendados y creo que nunca me he sentido tan empoderada. Me di cuenta que el VPH es una ITS muy común y que necesita un control anual mediante el Papanicolaou. También que había muchos tratamientos para evitar llegar al cáncer de cuello uterino. Aprendí que el cáncer no es un final. Entendí que yo sentía muchísimo miedo porque desconocía totalmente el virus. Ahí me di cuenta que necesitaba más información por parte de mi ginecólogo entonces se la pedí. Otra de sus tareas fue buscar medicación. Era importante sentirme bien y no podía trabajar en mí si me sentía mal.


Poco a poco comprendí mi situación, continúe mi tratamiento para la lesión y me perdoné. Era la culpa que no me dejaba vivir en paz. Me perdoné porque no merezco castigarme por esto.

Ahora me considero una persona mucho más informada del VPH, más responsable y respetuosa con su sexualidad, consciente de su salud mental/física y llena de resiliencia. Estoy llenísima de amor propio y sé que no voy a volver a una situación donde se violente mi capacidad de consentir un acto sexual. Sé que ya no soy la misma persona y eso me hace sentir muy orgullosa. Ahora sé que puedo acompañar a mis amigas si ellas pasan por este proceso. Soy esa amiga que insiste todo el tiempo en la importancia del chequeo ginecológico anual y que estimula una vida sexual responsable.


Me volví a encontrar conmigo misma y este fue mi mayor regalo. Ahora soy mi mayor apoyo y mi mejor voz. Soy la voz que me habla para controlar mi ansiedad y darme consejos. Soy la voz que busca una vida más saludable y estable a nivel emocional. Soy la voz que me dice que todo va a estar bien y que soy valiosa. Volví a tener esperanza por mi futuro y de verdad no puedo esperar a cumplir todos mis planes.


El resultado de mi biopsia fue lesión de bajo grado, atendí mi lesión con criocirugía y actualmente me encuentro esperando mi cita de control en junio para saber el estado de mi cuello uterino. Hay posibilidades de que la lesión siga existiendo, pero esta vez tengo más herramientas para atravesar la situación. Sé que tengo a mi psicóloga, familia y amigos.


Tuve el privilegio de poder pagar un ginecólogo privado con el cual pude detectar y tratar mi lesión en menos de un mes. Pude pagar una nutricionista para mejorar mi sistema inmunológico y una psicóloga para ayudarme a entender el VPH e interiorizarlo. Todo esto porque tenía la capacidad económica para acceder a un tratamiento integral. Yo tuve ese privilegio, pero muchísimas mujeres en Costa Rica no lo tienen. Son mujeres que no asisten periódicamente a su chequeo médico en la CCSS porque tal vez no tienen seguro o porque de ellas depende una familia completa y no pueden darle la importancia necesaria. Mujeres que tal vez puedan descubrirle una lesión en etapas tempranas, sin embargo, cuando finalmente asisten con síntomas al ginecólogo ya es muy tarde. Mujeres que ni siquiera saben que su lesión la provocó el VPH. Mujeres que trabajan muy fuerte por sacar a sus hijos adelante y no conocen otra cosa más que esforzarse. Mi mamá fue una de estas mujeres.


Si para mí fue difícil, no puedo imaginarme para una mujer con otras calidades de vida.


Necesitamos reconocer nuestro privilegio y ayudar a las que no lo tienen. Concientizar sobre todos los medios posibles lo vital que es el papanicolau y mejorar el acompañamiento en las entidades de salud al descubrir el VPH. Necesitamos que nuestros especialistas en medicina desarrollen empatía y no juzguen a sus pacientes. Es importante brindar las oportunidades necesarias para que otras mujeres disfruten un estado de salud óptimo. No es solo curar la lesión en los cuellos uterinos de nuestras mujeres, también es curar esa herida en el alma que queda después de este proceso. Entender que no estamos solas y que nos podemos acompañar siempre.


Cris Gomar es graduada en Diseño Gráfico, con experiencia en Mercadeo y Comunicación. Fundó Vaso Lleno y la ONG De la Mano con la Calle. El nombre Vaso Lleno hace referencia a no ver el vaso medio lleno, sino lleno por completo. Invita a reflexionar e identificar todos los resultados positivos que surgen de un evento o momento lamentable. Eso sí, siempre entendiendo y dándole el lugar que se merece y necesita al duelo, la tristeza, el miedo, el enojo o cualquier emoción no grata o sentimiento amargo. Es decir, es ver la luz al final del túnel pero entender que el túnel está ahí por algo y aunque sea doloroso pasar por ahí, hay que hacerlo, vivirlo y llorarlo lo que sea necesario. Ahora hay gente que relacione el nombre con la gota que derramó el vaso como el punto de catarsis o por el contrario, el está lleno cuando pasan cosas positivas como el crecimiento personal o la superación de algo importante. El cambio de ese significado representa exactamente la esencia de Vaso Lleno.


Podés seguir a Cris en Instagram y Facebook.

Si querés recibir en tu correo más historias de mujeres poderosas que estén luchando por un cambio en la sociedad y que inspiren a otras a hacer lo mismo, suscribite al newsletter de Círculos 3:33 aquí.




159 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo